Sus pinturas visten pasillos, oficinas, salas de reuniones y servicios de la Liga en todo Chile. El arte estuvo presente en su vida desde niño, cuando veía con total naturalidad las visitas que recibía su padrastro en la casa: conoció a escritores como “Pepe” Donoso y Jorge Edwards, a pintores como José Balmes y Gracia Barrios, todos ellos Premios Nacionales, y muchos otros influyentes personajes de la cultura chilena.
Era el segundo de ocho hermanos, con una familia numerosa y recursos económicos, muchas veces limitados. “Afortunadamente, gracias a arancel universitario diferenciado yo pude estudiar gratis”, recuerda el Dr. Jorge Förster Mujica, neuropediatra que hace unos meses asumió su tercer mandato como Presidente de la Liga Chilena contra la Epilepsia.
Su padre murió en un accidente aéreo cuando tenía 4 años. Y su abuelo materno, oftalmólogo, fue el referente que lo llevó a seguir la carrera de Medicina en la Universidad Católica, profesión que ya lleva ejerciendo por más de 55 años.
Desde su oficina ubicada en la Sede Central de la Liga, el Dr. Förster nos recibe con la amabilidad y sencillez de siempre, sin hacer notar que estamos ante uno de los neurólogos infantiles, especialista en epilepsia más destacados del país por su extensa trayectoria.
Doctor, son casi 30 años en la Liga. Este es su tercer período al frente del Directorio. Desde lo personal ¿cómo enfrenta este nuevo mandato?
Sin duda con una mezcla profunda de responsabilidad, gratitud y renovación.
Responsabilidad, porque conducir la Liga Chilena contra la Epilepsia no es solo un cargo: es un compromiso con miles de personas y familias que confían en nuestro trabajo. Gratitud, porque volver a recibir la confianza del Directorio y de la comunidad de la Liga es un honor que valoro profundamente. Y renovación, porque aunque sea mi tercer período, no es una repetición: es un nuevo ciclo. Llego con aprendizajes acumulados, con una mirada más amplia y con la convicción de que siempre podemos hacer las cosas mejor.

En lo personal, afronto este mandato con el mismo compromiso del primer día, pero con más experiencia y más claridad. Mi brújula sigue siendo la misma: trabajar para que cada persona con epilepsia viva con dignidad, apoyo y oportunidades.
¿Cuáles cree que han sido (y serán) las principales diferencias entre un periodo y otro?
Podríamos ponerlo así: en mi primer período (2004-2007), el foco estuvo en ordenar la casa. Lo que significaba fortalecer la estructura interna, modernizar procesos básicos, mejorar la gestión y asegurar una base sólida para crecer. En el segundo período (2016-2019), ya dimos un paso hacia la expansión interna y la proyección externa. Ampliamos programas, fortalecimos la presencia regional y avanzamos en educación comunitaria y sensibilización.
Y este tercer período (2025-2028), en cambio, llega con un desafío distinto: la transformación y la innovación. Ya no se trata solo de crecer, sino de hacerlo con una visión de futuro y profundizar la modernización de la institución. Es un tiempo de rediseñar la Liga para los próximos 10–15 años.
Si pudiéramos congelar la escena y mirar detenidamente la Liga Chilena contra la Epilepsia en su conjunto. ¿Cómo describiría la imagen que ve?
Veríamos un gran tejido humano, hecho de muchas manos distintas, que avanzan en una misma dirección. En el centro están las familias: madres, padres, hermanos, cuidadores, niños, jóvenes y adultos que viven con epilepsia. Y a su alrededor, formando un círculo firme y cálido, el voluntariado y los equipos profesionales que acompañan, informan, diagnostican, orientan y abren caminos donde antes había dudas.
Pero esa imagen no sería estática: también mostraría movimiento. El movimiento de las campañas que impulsamos, de los talleres educativos, de las actividades solidarias, de puertas que se abren, de estigmas que se derrumban. Posiblemente los rostros de los protagonistas habrían cambiado con el tiempo, pero los valores que nos mueven permanecerían intactos: la solidaridad, el respeto, la inclusión y la dignidad.
Doctor, ¿hacia dónde apuntará entonces la brújula institucional durante su período?
Como Directorio lo que nos proponemos es que la Liga en los próximos tres años oriente su rumbo hacia un crecimiento que combine mejor atención, mayor presencia territorial, más inclusión y más apoyo a las familias y personas con epilepsia. La brújula institucional apunta a fortalecer nuestra misión con foco en tres ejes: acceso, calidad e impacto social.
¿Y cómo se logra eso?
Por una parte, fortaleciendo lo que hemos venido haciendo. Por ejemplo, con la ampliación de nuestra cobertura nacional. Estrategia que combina mejorar y renovar los servicios y sedes como lo hicimos en La Serena, Concepción y Temuco; junto con abrir nuevos puntos de atención como las futuras sedes de Valdivia, Rancagua y Chillán.
En paralelo tenemos que modernizar los programas de atención integral (evaluación médica, apoyo psicológico, orientación social y acompañamiento familiar), impulsar el voluntariado y trabajo comunitario con jóvenes, sin dejar de lado nuestra labor en educación al paciente, su familia, sus cuidadores y a toda la comunidad, contribuyendo a la sensibilización acerca de la epilepsia.
En resumen, una Liga que llegue a más personas, que acompañe mejor, que eduque más, que derribe barreras y que siga siendo un referente de solidaridad y calidad en el país.
A propósito de educación. Es una de las áreas que siempre ha impulsado con especial dedicación. ¿Cómo ha visto la evolución de estas actividades de la Liga, tanto a nivel nacional e internacional?
Soy un convencido que la educación sigue siendo la herramienta más poderosa para reducir el estigma, mejorar la atención y empoderar a las personas y sus familias. Y cuando miro la evolución en la Liga, en Chile y a nivel internacional, veo transformaciones muy significativas.
Las actividades educativas que impulsamos han pasado de ser talleres aislados o charlas informativas a convertirse en programas estructurados, con materiales validados, equipos formados, estrategias diferenciadas para familias, profesionales, escuelas y comunidades, combinando presencialidad, tecnología y redes sociales.
Hemos logrado llegar a más regiones, a más colegios y a más familias que antes, incluso a nivel Latinoamericano, y eso es un avance tangible.
El rol insustituible de los pacientes y el voluntariado
La conversación fluye y el tema lo apasiona. Nos cuenta que inicia sus actividades a las 6:00 AM y que últimamente ha estado sacándole el jugo a la inteligencia artificial. Con una larga trayectoria de vida, mantiene caminatas diarias de cuatro kilómetros y reparte su intensa agenda entre sus pacientes en el Hospital Sótero del Río, su consulta privada y la Liga. “Mi esposa me dice que sigo con el mismo ritmo que hace 20 años y que tengo que mirar mi carnet de vez en cuando”, cuenta entre risas.
Seguimos.
En los últimos años se ha fortalecido el trabajo con las asociaciones de pacientes. ¿cuál es el rol que se le dará a estas agrupaciones en su período?
Creo firmemente que las asociaciones de pacientes cumplen un rol insustituible: aportan experiencia vivida, representan necesidades concretas, detectan brechas antes que cualquiera, y ponen sobre la mesa temas que muchas veces el sistema de salud no ve o tarda en reconocer. Esa perspectiva es esencial para construir políticas y programas realmente efectivos.
En los últimos años hemos visto cómo las asociaciones de pacientes se han fortalecido, diversificado y profesionalizado. Sus voces son cada vez más relevantes y sin ir más lejos, lo pudimos ver en la campaña que iniciaron para incorporar la Epilepsia Refractaria al GES, lo que finalmente se concretó hace pocos días gracias al apoyo del gobierno y al trabajo mancomunado de instituciones como la nuestra, parlamentarios y, por cierto, de las fundaciones y agrupaciones de pacientes.
Por eso, para este período, mi objetivo es que estas agrupaciones no solo estén presentes, sino que se conviertan en un actor central del desarrollo institucional de la Liga.
¿Y cómo se materializa ese objetivo?
Buscaremos concentrar el trabajo en tres aspectos: promoviendo la participación activa en el diseño y evaluación de programas educativos, sociales y comunitarios; fortaleciendo sus propias capacidades, porque cuando las asociaciones crecen, crece todo el ecosistema de apoyo a las personas con epilepsia; e impulsando la “voz” de las asociaciones en campañas “antiestigma”, en la difusión de información basada en evidencia y en contribuir a mantener su visibilidad en los medios.
¿Y respecto al voluntariado?
El voluntariado es, ha sido y seguirá siendo el corazón de la Liga Chilena contra la Epilepsia. En este nuevo período, su rol no solo se mantendrá: se fortalecerá y se proyectará con más protagonismo y nuevas oportunidades de desarrollo. La idea es fomentar la formación y capacitación, no solo en epilepsia, sino que también en habilidades prácticas: comunicación, apoyo emocional, trabajo con familias, y prevención del desgaste del cuidador.
También buscaremos abrir espacios para que más personas puedan aportar desde sus talentos: jóvenes, profesionales, adultos mayores, estudiantes de salud y educación, y la comunidad en general.
Y finalmente, queremos fortalecer el liderazgo local de cada voluntariado, generando las condiciones para participar no solo en la ejecución, sino también en la etapa de proponer ideas, proyectos y planificación.
Es jueves y el tiempo voló. Damos por finalizada la entrevista y el doctor nos cuenta que tiene que tomar un tren a Talca para conmemorar el aniversario de la sede de la Liga en esa ciudad. Volviendo, el sábado, la agenda lo lleva al Teatro Teletón para anunciar la donación de nuestra institución. Y el lunes, la entrada en vigencia de la Epilepsia Refractaria al Plan GES lo sitúa en la Plaza de la Constitución para una actividad con el Presidente y la Ministra de Salud. Y esto recién comienza.




