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Epilepsia, fotosensibilidad y uso de pantallas

Por Dr. Álvaro Velásquez
Neurólogo infantil
Jefe Servicio Médico Liga

La mayoría de las personas con epilepsia experimentan crisis que aparecen de manera espontánea, sin un desencadenante claro ni predecible. Sin embargo, existe un grupo particular de epilepsias cuya característica principal es que las crisis se producen en respuesta a estímulos específicos que actúan como desencadenantes. Estas son las denominadas epilepsias reflejas, porque las crisis son la respuesta o “reflejo” a un estímulo identificable. Dichos estímulos pueden ser externos —como luces intermitentes, patrones visuales repetitivos o ciertos sonidos—, o internos, es decir, actividades cognitivas que activan redes neuronales específicas, tales como cálculos mentales o procesos de razonamiento complejo. Dentro de este grupo, la epilepsia fotosensible constituye la variante más frecuente y conocida.

¿Qué es la fotosensibilidad?

La fotosensibilidad corresponde a la capacidad que tienen ciertos estímulos visuales de desencadenar crisis epilépticas en personas susceptibles. Estos estímulos pueden incluir destellos de luz, parpadeos repetitivos, variaciones rápidas de brillo o color y patrones geométricos de alto contraste. Se estima que afecta aproximadamente entre el 1 y el 2% de las personas con epilepsia, siendo más común en niños, adolescentes y, particularmente, en mujeres. Por lo general, existe un componente genético que contribuye a esta sensibilidad y que condiciona la hiper excitabilidad de determinadas redes neuronales del sistema visual.

El diagnóstico de fotosensibilidad se realiza habitualmente mediante un electroencefalograma (EEG). Durante este estudio se emplea la técnica de foto estimulación intermitente, que consiste en exponer al paciente a una serie de destellos luminosos de diferentes frecuencias, estando despierto y con los ojos cerrados. El objetivo es observar si dichos estímulos generan una respuesta eléctrica anormal, que indique una susceptibilidad a la luz. Esta maniobra es segura y cuidadosamente controlada, y constituye una herramienta fundamental para diferenciar a quienes tienen fotosensibilidad de quienes no la presentan.

Pantallas y epilepsia: ¿qué riesgos existen?

En la vida cotidiana, uno de los aspectos que más inquietud genera en las personas con epilepsia fotosensible y sus familias es el uso de pantallas, especialmente porque la exposición a dispositivos electrónicos ha aumentado considerablemente en los últimos años. Televisores, computadores, tablets y teléfonos inteligentes forman parte de las rutinas diarias de prácticamente todas las edades, incluidas las etapas infantiles. 

Es importante aclarar que no es la pantalla en sí misma la que desencadena una crisis, sino ciertos tipos de contenido visual que pueden aparecer en ella: secuencias con destellos intensos, cambios rápidos de color, imágenes que ocupan gran parte del campo visual o patrones de alto contraste que estimulan simultáneamente ambos ojos. Por este motivo, muchas personas con fotosensibilidad pueden utilizar pantallas sin presentar crisis, siempre que se tomen precauciones adecuadas.

Independientemente de la epilepsia, se recomienda limitar el uso prolongado de pantallas en la infancia, ya que este hábito puede interferir con la calidad y cantidad del sueño. Esto es especialmente relevante en personas con epilepsia, dado que la privación de sueño es un desencadenante universal de crisis, independiente de la presencia de fotosensibilidad. Por ello, establecer horarios adecuados, evitar el uso de dispositivos antes de dormir y favorecer rutinas regulares de descanso es fundamental para reducir riesgos.

Mitos frecuentes: discotecas, cines y otros

Existen además diversos mitos y creencias populares relacionados con los supuestos peligros de ciertos entornos, como discotecas, conciertos, cines o caminos frondosos en los que la luz del sol se filtra entre los árboles. Si bien es cierto que las luces estroboscópicas —es decir, aquellas que producen destellos repetidos de alta frecuencia— pueden desencadenar crisis en personas con alta fotosensibilidad, la mayoría de los espacios públicos cumplen regulaciones estrictas que limitan la intensidad y la frecuencia de estos efectos visuales. En los cines, el riesgo suele ser bajo, salvo que la película incluya escenas con parpadeos rápidos o destellos brillantes. En el caso de caminos con árboles, el efecto de alternancia luz-sombra puede generar un parpadeo natural, pero representa un riesgo real solo para personas particularmente sensibles. Si una persona siente que un estímulo visual puede generar molestia o riesgo, una medida simple y efectiva es cubrir uno de los ojos, lo que reduce de manera inmediata la estimulación simultánea de ambos hemisferios visuales.

Medidas para prevenir crisis en pacientes con fotosensibilidad

La prevención en pacientes con fotosensibilidad se basa en minimizar la exposición a estímulos potencialmente provocadores. Algunas recomendaciones claves incluyen evitar contenidos con flashes, luces intermitentes o patrones repetitivos; mantener una distancia mínima de dos metros de las pantallas; reducir el brillo y el contraste; asegurar que la habitación esté correctamente iluminada para evitar el contraste excesivo; y realizar pausas frecuentes durante el uso de dispositivos. Asimismo, se sugiere evitar el uso de pantallas cuando se está cansado o con falta de sueño. Para los niños, es importante establecer límites de tiempo y evitar su uso antes de dormir.

Un apoyo adicional lo constituyen los lentes con filtros especializados, diseñados para bloquear determinadas longitudes de onda y reducir la posibilidad de desencadenar crisis. Si bien no reemplazan los tratamientos farmacológicos, pueden ser una herramienta útil para personas que presentan episodios desencadenados por la luz. Informar a profesores, cuidadores y familiares sobre esta condición también es crucial para prevenir situaciones de riesgo y promover ambientes seguros.
En conclusión, solo un pequeño porcentaje de personas con epilepsia presenta fotosensibilidad. La mayoría puede usar pantallas y participar en actividades cotidianas sin dificultades, siempre que se adopten medidas preventivas razonables. Con información adecuada, vigilancia responsable y estrategias de protección, la vida diaria puede desarrollarse de manera segura y sin interrupciones significativas para quienes conviven con epilepsia fotosensible.