
Como psicólogo clínico y sexólogo, mi práctica profesional se dedica exclusivamente a apoyar a personas que viven con epilepsia. Esta inmersión diaria me ha permitido ser testigo de un ámbito que, con demasiada frecuencia, permanece en el silencio: el cruce entre el diagnóstico neurológico y la vida sexual masculina. Veo constantemente cómo este tema se carga de estigma y ansiedad. Mi experiencia en terapia de pareja me ha demostrado que la epilepsia redefine la dinámica de la intimidad, a menudo silenciando el deseo por miedo o por los cambios que surgen en los roles dentro de la relación.
El “doble tabú”
La disfunción sexual (DS) en hombres con epilepsia es un «doble tabú». El primero es el estigma de la propia epilepsia, con el miedo a un «cuerpo traicionero». El segundo es la vergüenza de la disfunción sexual, vivida como un golpe a la identidad y la masculinidad. Cuando chocan, el resultado es el silencio: el paciente no pregunta y el médico, centrado en las crisis, no explora este importante aspecto de la vida. No hablamos de casos aislados; la prevalencia de DS en hombres con epilepsia es alarmantemente alta, con estudios que reportan cifras entre el 38% y más del 70%, siendo lo más frecuente la disfunción eréctil y la disminución del deseo sexual.
Para entender este tema, necesitamos mirar la salud desde lo biológico, lo psicológico y lo social. En el aspecto biológico, lo primero es recordar que la función sexual comienza en el cerebro. En la epilepsia del lóbulo temporal —la más frecuente Por Sergio Rodríguez Psicólogo adulto Servicio Médico Liga en adultos— pueden verse afectadas zonas que regulan las emociones y el deseo, lo que puede llevar a una disminución de la libido.
Los medicamentos más antiguos para el manejo de las crisis epilépticas, como la carbamazepina o la fenitoína, aceleran el metabolismo hepático de otros fármacos y también de las hormonas sexuales, interfiriendo en su actividad funcional, como ocurre por ejemplo con la testosterona. Y aunque el nivel sanguíneo de esta hormona esté dentro de un rango normal, frecuentemente la disponibilidad de ella para el organismo es muy baja, lo que determina un menor deseo sexual y dificultades en la erección.
Los fármacos anticrisis de nueva generación (lamotrigina, levetiracetam) suelen tener un perfil mucho más favorable. Hormonalmente, por otra parte, la propia epilepsia puede desregular el eje hipotálamo-hipofisiario-gonadal (que conecta nuestro cerebro con los testículos) y contribuir a la disfunción sexual.
Temor a la crisis durante la relación sexual
El componente psicosocial también pesa mucho. El miedo a tener una crisis durante el sexo puede paralizar y generar una ansiedad de desempeño intensa. La mente entra en estado de hipervigilancia, activando el sistema nervioso simpático —el modo “lucha o huida”—, que es la respuesta al peligro o amenaza, y es incompatible con la relajación necesaria para lograr una erección. A esto se suma el impacto en la autoestima: la disfunción suele vivirse como un “fracaso”, o falla personal, lo que lleva a evitar la intimidad. Además, la alta comorbilidad de la epilepsia con depresión y los efectos secundarios de algunos antidepresivos pueden acentuar el problema y crear una “tormenta perfecta”.
Finalmente, la dinámica de pareja puede deteriorarse. Cuando la pareja adopta un rol de “cuidador/a”, aunque sea por cariño, la relación se desexualiza y el erotismo se va apagando.
La disfunción sexual en epilepsia es tratable, pero requiere un abordaje integral. El primer paso es romper el silencio: hablar con el neurólogo. El segundo es la psicoeducación: entender que no es una «falla personal», sino una consecuencia neurobiológica, lo cual reduce drásticamente la culpa.
El tercer paso es la revisión «Bio»: preguntar por fármacos anticrisis con perfil neutro y solicitar un perfil hormonal. Finalmente, la terapia psicológica y sexual es clave. Se trabaja para desarmar la ansiedad de desempeño, a menudo usando técnicas como el mindfulness sexual (atención plena en las sensaciones) y la focalización sensorial. Esta técnica elimina la presión del coito, reenfocando a la pareja en el placer de las caricias y permitiendo que la excitación regrese de forma natural.
La epilepsia es parte de la vida, no su totalidad. La intimidad es una parte fundamental de la calidad de vida. El tabú se alimenta del silencio; la recuperación comienza en el momento en que decidimos hablar.




