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Con la Liga hemos ido creciendo juntas

Constanza Díaz:

Me diagnosticaron epilepsia mioclónica juvenil cuando tenía 11 años de edad, y desde esa fecha la Liga Chilena contra la Epilepsia me ha acompañado en distintas etapas de mi vida.
Llegamos a la Liga porque mi mamá sentía que podía recibir un
tratamiento más adecuado que en el Hospital donde me atendían.

Yo, desde muy pequeña, fui un poco más agrandada en mi forma de pensar que las demás niñas de mi edad. Me iba muy bien en el colegio y era bastante sociable, por lo que durante esta etapa sentí un poco de miedo de tener epilepsia porque alguien me dijo que las personas con epilepsia cada vez que tenían una crisis se le morían muchas neuronas… y yo como era de las mejores estudiantes del curso pensé que poco a poco mi inteligencia iba a ir disminuyendo y no iba a poder hacer todas las cosas que soñaba y eso me trajo mucha angustia. Esta inseguridad hizo que mi familia siempre me apoyara y trataran de demostrarme que yo no era diferente a los demás, que mi enfermedad era tratable y que iba a poder llevar una vida normal. Y así ha sido.

Esa forma de ver la epilepsia mi familia la aprendió gracias a la Liga, ya que desde el inicio de mi tratamiento los doctores les enseñaron que no me debían limitar ni sobreproteger, que me tenían que dar el espacio y la confianza para desenvolverme sola en distintos escenarios y que si tenía expectativas de estudiar en la educación superior la epilepsia no iba a ser un impedimento. Con ese pensamiento, y con el apoyo incondicional de mi familia, entré a estudiar a la universidad bibliotecología, obteniendo en la Liga el programa de beneficio estudiantil que me apoyó con el aporte económico del 99% de mis medicamentos durante todos mis años de estudios. Luego postulé a un beneficio social que me ayuda hasta el día de hoy a desarrollarme profesionalmente.

Tras titularme, me fui a vivir sola a los 25 años y comencé a trabajar, convirtiéndome en una mujer totalmente independiente. Estos grandes logros los cuento con mucho orgullo, ya que mi experiencia de vida demuestra que si las personas con mi tipo de epilepsia se lo proponen podemos sobrellevar la enfermedad. Si bien con el pasar del tiempo mis crisis han disminuido, no he estado exenta de ellas y he tenido que poco a poco ir enseñándole a mis nuevos entornos de amigos y laboral qué hacer en casoque me vean con crisis así como orientarlos en que no tienen que discriminar a personas que la tienen.

En este mismo andar con la Liga, hoy me ve ser madre. Hace un año atrás tuve a mi primera hija y durante el periodo previo al nacimiento me entregaron todo el apoyo y los conocimientos para que mi embarazo se pudiera llevar a cabo con el menor peligro posible para mi bebé, y así ha sido hasta ahora. Desde un principio me recomendaron que no dejara mi tratamiento y hasta el momento mi hija no ha presentado ningún síntoma extraño.

En resumen, puedo decir que la Liga ha estado presente en diferentes momentos de mi vida, en la adolescencia, un poco más grande, en mi embarazo y lactancia. Los considero como una familia en donde nos hemos visto crecer mutuamente, puesto que durante todos estos años yo también he podido ver cómo la Liga ha ido creciendo en número de sedes, profesionales y actividades para toda la comunidad, lo que me da un sentimiento de plena gratitud y alegría porque en definitiva en este andar a las dos no ha ido bien y hemos podido ir sobrepasando todos los obstáculos que la vida nos va colocando.

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