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Me pongo en los zapatos del otro

Pamela Luna :

La Liga Chilena contra la Epilepsia llegó a mi vida ya adulta, tengo crisis de desconexión desde los 4 años de edad, pero, mi acercamiento a la Liga fue alrededor de los 30 años cuando tenía que comprar medicamentos, los que encontré más económicos, pero, en ese momento lo que más me llamó la atención fue lo acogedora que habían sido en la atención, ¡Salí felices!

Por mi tipo de epilepsia durante toda mi vida sufrí de mucha discriminación, me encerré en mi casa y no quería sociabilizar con nadie. Gracias al apoyo de mis padres y hermana fui a un liceo nocturno para terminar la enseñanza media. Durante este período me daban crisis frecuentes, creo que debido a la presión que me autoimponía por pasar desapercibida entre mis compañeras que me miraban extraño. Cuando sentía que iba a comenzar una crisis, me paraba y me iba al baño para que nadie me viera, esta situación era muy triste. Una vez que les contaba qué era lo que tenía su reacción era de lástima, lo que me colocaba mal ya que siempre he querido que me traten como una persona normal.

Mi “normalidad” comenzó una vez que en la Liga me dieron la posibilidad de trabajar como recepcionista. Un día, una Dama Voluntaria de la Sede Central me contó que estaban buscando una persona para “el módulo de informaciones” y que postulara. Dejé mi curriculum y al día siguiente me llamaron. Desde ese día mi vida cambió rotundamente porque sentí que por fin alguien me estaba dando una oportunidad, que iba a poder desarrollarme como persona y además iba a hacer algo que me interesaba: apoyar a pacientes, familiares y cuidadores que tienen la misma enfermedad que yo.

Muchas veces me pasaba que yo entregaba mi curriculum en una empresa, decía que tenía epilepsia y no me llamaban más, y eso me decepcionaba mucho porque fueron años de búsqueda.
Con esta oportunidad que me entregó la Liga siento que realizo una labor super valiosa, ya que me puedo poner en los zapatos del otro y desde esa perspectiva aportar.

La relación entre compañeros al interior de la insitución es excelente, es una verdadera familia. He compartido, hasta el momento, 25 años de mi vida con ellos, por lo que no sólo he creado lazos fuertes con quienes trabajo sino también con pacientes que conocí desde pequeños y que ahora son mamás o papás, pacientes a los que les ha ido bien en el tratamiento y a otros que han tenido sus altos y bajos. Este ambiente me ha hecho excelente como ser humano, por que he logrado una estabilidad que en algún momento pensé que jamás iba a conseguir.

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